Este Sevilla no compra laxitud ni chiquilladas
Unos meses atrás.
Tres, cuatro a lo sumo.
Ni el sevillista más esperanzado habría fantaseado por entonces con un equipo competitivo capaz de apretar a sus rivales en cualquier circunstancia o escenario, metido en las alturas de la tabla clasificatoria a mitad de octubre.
Y, lo más importante, para frotarse los ojos… un Sevilla con argumentos, de expectativas .
La tarea parecía una verdadera ensoñación para un club lastrado por contratos leoninos de jugadores inservibles, otros amortizados, la crispación institucional, los complejos de un vestuario en franca descomposición, sin confianza, más allá del amordazador límite salarial acorde a una economía desoladora.Por esa extraña capacidad de resiliencia que habita el ser (en Nervión son paradigma del 'nunca se rinde'), hubo que tocar fondo para que las decisiones del presidente y su consejo, del entrenador y del nuevo director deportivo al que también sacaron de la propia casa le cambiaran la faz este verano, ahora sí, a todo el Sevilla.
De cabo a rabo.
Tendrán que exponer algún día en los foros de empresa y finanzas cómo se materializan sin recursos 28 operaciones , 11 de ellas fichajes que mejoran sensiblemente lo que había en el plantel, para conseguir voltear un panorama tan funesto como el que amedrentaba a los blanquirrojos.Ciñéndonos al verde del campo, que al fin y al cabo es el trampolín clave para el éxito o remontada de cualquier sociedad deportiva en el fútbol, ahí el trabajo de Luis García Plaza está siendo notable.
Da sentido a la agresiva depuración de su vestuario, labrando un equipo en el que todos van a una con la idea del entrenador.
Un Sevilla combativo, enemigo del derrotismo, de cualquier trastorno de inferioridad.
Un Sevilla que, por fin, se ha rodeado de profesionales que saltan al césped con hambre de victoria, obsesión por crecer, esbozando ese estimulante margen de mejora que siempre hace falta en los proyectos, más allá de que las cosas puedan salir mejor o menos bien los fines de semana.
Por todo eso escuece el 3-3 en el campo del Levante .
Enfurece.
Te ves superior, puedes hasta golear, cobras una ventaja de 0-2… pero ni siquiera ganas.Que Robbie Ure no atine en varios mano a mano con el portero, que Félix se desoriente en alguna acción, que Julio Díaz necesite minutos, que a Miguel Sierra se le vaya el hombro en su mejor momento, que a Iglesias y los centrales canteranos se les pueda escapar una marca… todo eso entra dentro de lo presupuestado por el Sevilla en su hoja de ruta y la del entrenador, como es lógico.
El club ha comprado un modelo salpicado de arrestos y juventud.
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