Washington, Rabat, Jerusalén y Madrid: el tablero detrás de Ceuta y Melilla
Agentes de policía armados montan guardia en el paso fronterizo de Tarajal, en el enclave español de Ceuta. EP/Samuel Vega.
Que Marruecos reclame Ceuta y Melilla no constituye ninguna novedad. Lo lleva haciendo desde hace décadas y forma parte de una concepción territorial que Rabat ha mantenido prácticamente desde que obtuvo su independencia en 1956 . Lo novedoso está en otro lugar: en el momento en el que vuelve a hacerlo, en los aliados que hoy rodean al reino alauí y en una correlación de fuerzas que poco tiene que ver con la que existía hace veinte o treinta años.
La última voz ha sido la del ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi , quien ha vuelto a reivindicar los supuestos “derechos históricos y geográficos” de Marruecos sobre ambas ciudades y ha defendido la creación de un mecanismo de diálogo con España que permita abordar su futuro. Una declaración especialmente significativa porque llega apenas unas semanas después de la entrada masiva de migrantes en Ceuta del 30 y 31 de julio , todavía lejos de estar completamente resuelta. El Gobierno español respondió rechazando “tajantemente” cualquier cuestionamiento de la soberanía española y recordando que Ceuta y Melilla forman parte tanto de España como del territorio de la Unión Europea.
No es la primera vez . Ya Hassan II propuso en 1987 crear con España una “célula de reflexión” sobre el futuro de las dos ciudades y el propio Mohamed VI , después de la crisis del islote de Perejil de 2002, recordó públicamente que Marruecos no había dejado de reclamar Ceuta, Melilla y los territorios españoles del norte de África desde su independencia.
La diferencia es que aquel Marruecos y el de hoy no ocupan exactamente el mismo lugar en el tablero internacional.
La reivindicación territorial se produce ahora después de uno de los mayores saltos diplomáticos experimentados por Rabat durante las últimas décadas. Y buena parte de ese cambio lleva el nombre de Donald Trump .
En diciembre de 2020 , durante su primer mandato, Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental , rompiendo con décadas de política estadounidense sobre el territorio. La decisión estuvo vinculada al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel dentro de los Acuerdos de Abraham.
El movimiento no quedó enterrado con el cambio de Administración en Washington. Trump ha vuelto a respaldar durante su segundo mandato la posición de Rabat , defendiendo el plan marroquí de autonomía como la única base viable para resolver el conflicto.
El mensaje tiene una importancia que va más allá del propio territorio saharaui. Marruecos ha comprobado cómo una aspiración territorial sostenida durante décadas puede pasar de contar con importantes resistencias internacionales a recibir el respaldo de la primera potencia mundial.
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