En el refugio de la Guerra Civil de las tres vidas
El 20 de noviembre de 1938, cuando sonaron las alarmas por un nuevo bombardeo de la aviación franquista y los vecinos de Alcalá de Henares corrieron a protegerse en el recién terminado refugio antiaéreo de la plaza de Cervantes , descendieron por unas escaleras que muchos conocían bien.
Esos peldaños de piedra eran los mismos que subían al altar mayor de Santa María la Mayor, la iglesia donde fue bautizado Miguel de Cervantes en esta localidad cercana a Madrid.
Incendiada por milicianos en los primeros compases de la contienda, sus ruinas se encontraban a pocos metros y se usaron como cantera para este subterráneo municipal que se acabó de construir poco antes del ataque aéreo más mortífero que sufrió la ciudad complutense, con 17 muertos.
Los arqueólogos han descubierto con sorpresa que parte de la escalinata principal de la iglesia acabó encajada en el túnel de acceso al refugio desde la contigua calle Libreros. «Los medimos sobre una fotografía de principios del siglo XX de antes del incendio y el grosor de los escalones es justo el mismo; son 15 centímetros clavados», explica el arqueólogo Luis Antonio Ruiz en el interior del búnker.
Acaban de concluir las excavaciones en el subterráneo y, antes de que se abra al público, Ruiz guía a ABC por sus salas junto a los otros dos codirectores de las investigaciones: Jorge Morín y Sebastián Rascón.Antigua fotografía del interior de la iglesia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares CedidaEl refugio, que mide algo más de 38 metros de largo, se construyó para albergar a unas mil personas, diez por metro cuadrado. «Era pura propaganda porque aquí hay capacidad para unas 300, a lo mejor », opina sin embargo Rascón.
Quizá, admite, en esos momentos de miedo en los que sonaba la alarma aérea se pudiera apretar más gente en su interior, aunque duda de que llegaran al millar.
El jefe del Servicio de Arqueología de Alcalá de Henares, director del parque arqueológico de la ciudad romana de Complutum , se acerca a continuación hasta una gran piedra con una mancha negruzca.
También ese sillar procede de la quemada Santa María.
Y no es el único.Todo el refugio, explica, «está construido con el expolio de la iglesia », que a su vez «se edificó con los sillares de la antigua ciudad romana».
Según relata, las piedras de Complutum se reutilizaron en un gran número de edificios en época medieval y renacentista.
Entre ellos, en la iglesia de Santa María la Mayor y, cuando ésta quedó derruida por el incendio intencionado en la guerra, sus materiales se aprovecharon de nuevo en el refugio antiaéreo.
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