El pucherazo no se ha desactivado
«Entre pucheros anda el Señor», nos advirtió Santa Teresa; y la democracia, que es una religión antropoteísta, quiso emular al Señor.
Pero como la democracia aspira a tener más adeptos que el Señor, no se conformó con andar entre pucheros, sino que decidió andar entre pucherazos.
En realidad, decir 'democracia' y 'pucherazo' en la misma frase es como decir 'mierda' y 'hedor'; o sea, un consabido pleonasmo.
De hecho, la democracia se funda sobre un pucherazo constitutivo, que es la sustitución de la razón por la voluntad de la mayoría, algo en verdad desquiciado y muy perturbador que acaba convirtiendo la comunidad política en un pandemónium; porque la voluntad humana, desembridada de la razón, termina queriendo cosas que no le corresponden, desde la mujer del prójimo a los cuernos de la luna.
Más trágicamente aún, la voluntad de la mayoría –como perspicazmente señala Thomas Carlyle – no es otra cosa sino la voluntad de los demagogos, que logran hacer creer a una multitud de hombres ignorantes que mediante el voto deciden su destino, cuando lo cierto es que no hacen otra cosa sino asegurar el destino del demagogo al que votan.La democracia, concluía Carlyle, es la organización del fraude con el señuelo de la utopía; definición pasmosamente lúcida que incluye los dos tipos de pucherazos que la democracia compendia: por un lado, el pucherazo 'constitutivo', ínsito en su misma naturaleza, que consiste en sustituir la razón por la voluntad de la mayoría (a la que se engatusa con el señuelo de la utopía); por otro, el pucherazo 'procedimental' u 'operativo', que son todas esas marrullerías y picarescas electorales diseñadas para alterar el resultado de las urnas.
En realidad, el pucherazo constitutivo es infinitamente más grave y dañino que el pucherazo operativo o instrumental; pero al común de los demócratas –infatuados por su religión, que los hace creerse diosecillos– subleva mucho más el segundo, porque no soportan que los diosecillos de la facción contraria les madruguen la merienda.
El pucherazo operativo, de hecho, podría actuar como un antídoto o siquiera lenitivo del pucherazo constitutivo: si, como nos enseña Carlyle, la democracia consiste en que el voto de Judas valga lo mismo que el voto de Jesús, un pucherazo que multiplicase el voto de Jesús sería benéfico.
Pero la experiencia demuestra que los pucherazos operativos siempre se urden para remachar o blindar el pucherazo constitutivo.Esa es, desde luego, la intención de esa disposición adicional incorporada aviesamente en la llamada ley de Memoria Democrática que reconoce la nacionalidad a los «nacidos fuera de España de padres o abuelos originariamente españoles que la hubieran perdido o renunciado a ella como consecuencia del exilio».
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