Perico Delgado (66): "Nunca he pasado hambre como ciclista. Desayunaba tortilla, bistec, macarrones y magdalenas"
Pedro Delgado (Segovia, 1960) es una de las grandes figuras del ciclismo español.
Campeón del Tour de Francia en 1988 y de la Vuelta a España en 1985 y 1989, su estilo ofensivo y su carácter imprevisible convirtieron cada una de sus apariciones en la montaña en un acontecimiento televisivo.
Ahora, a sus 66 años, continúa ligado al ciclismo como comentarista de RTVE junto a su inseparable Carlos de Andrés , y volverá a ponerse ante el micrófono para narrar la Vuelta a España , que arranca este sábado, 22 de agosto, en Mónaco.
El regreso se produce después de la polémica que protagonizó en la pasada edición, marcada por el boicot de los manifestantes propalestinos que incluso llegaron a suspender la última etapa en Madrid.
Delgado criticó en directo la violencia de las protestas . Unas declaraciones que llegaron a generar debate en redes sociales. De hecho, algunos llegaron a recriminar a RTVE su presencia en las retransmisiones.
Sin embargo, la televisión pública vuelve a confiar en su experiencia y en su sentido del humor para la ronda española.
Si hay algo que define su etapa de gloria encima de la bicicleta fue su manera de alimentarse. "Yo no he pasado hambre nunca como ciclista", dijo en una ocasión.
"Yo desayunaba una tortilla de patata de dos huevos, un bistec grande, un plato de macarrones bien hermoso o arroz blanco, y luego rematabas con pan tostado , magdalenas y café con leche ", reconocía para Ciclismo al día .
Y es que en los años 80 no existían los vatios, los geles de glucosa ni el control nutricional al milímetro. Se comía por intuición y con el objetivo de acumular la energía suficiente para afrontar jornadas que superaban los 200 kilómetros .
"Te cebas así y te dirían: 'Oye, que no te vamos a matar como a un gorrino , que has venido a dar pedales", recordaba Delgado.
Aquella libertad también provocaba ciertos errores. En una Vuelta a Burgos , Perico decidió desayunar "12 o 15 ciruelas claudias" . El resultado fue desastroso: «A la mitad de la etapa, tenía una diarrea de muert e , por tragaldabas, y tuve que abandonar".
Después de las etapas, tampoco había muchas restricciones. Al recordar una conversación con Miguel Induráin, cuenta: "Es que después de la etapa tú te pones a comer el bocata, la cerveza, unas pastas Reglero y unos mantecados ... y yo tengo un zumo de naranja y lo paso fatal".
Su relación con la comida encaja con la personalidad de un corredor que nunca entendió el ciclismo desde la calculadora. En 1988 conquistó el Tour, y en 1989 protagonizó una remontada épica hasta acabar tercero después de perder tiempo por llegar tarde a la prólogo de Luxemburgo.
Hoy mantiene aquella filosofía. "Ni me cuido ni me descuido . Como un poco de todo, a veces cordero o cochinillo , pero sin excesos porque no me los pide el cuerpo. No me apetecen".
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