El poder de la estulticia
La tontería es un asunto poco común en la literatura y el periodismo.
Me viene a la memoria 'El idiota' de Dostoievski, en la que el príncipe Mishkin resulta que al final es mucho más inteligente de lo que parece.Todos estamos de acuerdo en que la tontería, al igual que el nitrógeno, abunda en la Naturaleza.
Cada día nos vemos obligados a soportar más dosis de una estulticia que debilita nuestras defensas y va minando nuestra resistencia.Conforme me hago más viejo, me hago más intolerante a esas tonterías que me hieren nada más abrir un periódico, sintonizar la televisión o escuchar una tertulia.
En una sociedad globalizada, la tontería se ha convertido en una categoría de conocimiento, una forma a priori de la sensibilidad, como diría Kant.
Los grandes maestros de la idiotez moderna son los políticos y los tertulianos, verdaderos todólogos que generan estupor con sus pretensiones de reducir la complejidad a meros eslóganes.Tras la decisión de Sánchez de convocar elecciones, la estulticia se ha apoderado de un debate político en el que los líderes rivalizan en demagogia y frivolidad, demostrando una alarmante incapacidad para resolver problemas como el de la vivienda o el de Ceuta.Se puede constatar que en este mundo hay muchos más tontos que listos.
El listo puede ser malo, pero siempre es mucho más peligroso el tonto que te pisotea creyendo que te hace un favor.
Sin embargo, las apariencias engañan: hay tontos que la gente considera muy listos y al revés, como el personaje de Dostoievski.
Y es que la estulticia puede ser una forma de inteligencia.A veces, me da la impresión de que la tontería es tan contagiosa como el coronavirus.
Se propaga a grandes velocidades.
Yo mismo me he contagiado de esta enfermedad.
Me descubro haciendo o diciendo bobadas, como este artículo que carece de todo sentido.Si miro hacia atrás en mi vida, tengo que reconocer que he hecho tantas tonterías como el que más.
Las he cometido por ignorancia, por rencor, por egoísmo, por orgullo, por pereza, por pura inconsciencia.¿No será que la tontería forma parte de la esencia del ser humano? Afirmar algo semejante sería una fácil justificación a las bobadas que uno ha hecho.
Pero creo sinceramente que la idiotez no constituye algo consustancial a nuestra manera de ser.
La tontería es, más bien, una permanente tentación que nos acompaña.
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