El guardián de la plaza de toros Monumental de Sevilla: «Es una vergüenza que esto haya quedado sólo como algo simbólico»
A Sevilla la hacen grande tanto sus monumentos como los que forman parte del recuerdo.
Quizá, de entre todos ellos, uno de los más célebres sea la plaza de toros Monumental , que estuvo situada en la confluencia de la avenida Eduardo Dato con la Buhaira entre 1918 y 1930.Para conocer con más profundidad los entresijos del efímero coso, Antonio López Mora , propietario del restaurante del mismo nombre que se encuentra ubicado en tan legendario emplazamiento, relata los recovecos de la memoria de un edificio que aún vive en el corazón de los taurinos y en la Historia de Sevilla.« Joselito el Gallo levantó esta plaza con José Julio Lissén, un empresario de Dos Hermanas que era amigo suyo.
Pero, al morir el torero en 1920, ya no tenía sentido tener dos plazas en la ciudad.
La Monumental era más grande que la Maestranza y tenía una capacidad de 23.000 espectadores frente a los 18.000 de la otra», explica Antonio López, en su restaurante, rodeado de viejos recortes de prensa y un artículo de la mítica plaza en Casco Antiguo, la sección de ABC de Sevilla firmada por Antonio Burgos.Recortes de prensa sobre la Monumental.
Juan FloresLa vida activa de esta plaza de toros fue brevísima, de 1918 a 1921 .
Luego quedó abandonada hasta su derrumbe en 1930. «La idea de Joselito era tener precios populares para que todo el mundo pudiera acceder al toreo, pero no interesaba que esta plaza siguiera adelante, por el sitio donde estaba.
Al parecer, los alcaldes dijeron que había una grada que se había derruido y también argumentaron que tenía problemas estructurales.
De hecho, cuando se construyó este edificio, se tuvo que dinamitar toda la cimentación de la Monumental.
Aun así, en ella no murió ningún torero, sólo un político de un tiro en un mitin republicano», cuenta este hostelero, centinela del recuerdo de la Monumental.«Yo de chico vivía aquí cerquita y jugábamos en los corrales de los toros que todavía estaban en las huertas que había en esta zona, aunque nosotros no sabíamos que eran de una plaza.
También vi las naves que hubo después, el muro de la Monumental que luego fue derruido y el túnel desde la Buhaira que se empezó a hacer para la obra del AVE», rememora con aire evocador.La devoción que Antonio López Mora profesa por la tauromaquia refulge en su mirada mientras narra la historia del bar: «Cuando abrimos, en 1998, los camareros iban con delantales taurinos y capotes».
Sin embargo, al mirar por la ventana del restaurante, resulta inconcebible que, apenas un siglo atrás, hubiera una colosal plaza de toros en este mismo lugar hoy atravesado por el bullicio de la calle y el trajín del tráfico.
Del inmenso complejo taurino, sólo se conserva un acceso decorado por un azulejo que colocaron unos aficionados taurinos.
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