Un nenúfar gigante descubierto en Instagram lucha por sobrevivir en la selva colombiana
La naturaleza todavía guarda secretos capaces de cambiar lo que sabemos sobre la biodiversidad del planeta.
A veces, el camino hacia uno de esos descubrimientos comienza lejos de un laboratorio, entre fotografías compartidas en redes sociales.
Así ha ocurrido con Victoria colombiana , una nueva especie de nenúfar gigante identificada a partir de una imagen publicada en Instagram y localizada después en los bosques inundados de Colombia.
Su descripción científica, publicada en la revista Phytotaxa, ha permitido reconocer una planta espectacular que, pese a su tamaño, se encuentra al borde de la desaparición, ya que los investigadores estiman que solo sobreviven entre 30 y 50 ejemplares en estado silvestre.La historia reúne tecnología, investigación botánica y conocimiento indígena en una carrera contrarreloj por documentar una especie antes de que desaparezca.
También pone de manifiesto una paradoja de la conservación: incluso una planta cuyas hojas pueden alcanzar los dos metros de diámetro puede pasar inadvertida para la ciencia durante años si habita en lugares remotos y de difícil acceso.Una fotografía que despertó las sospechasEl descubrimiento comenzó hace cinco años, cuando Carlos Magdalena, horticultor e investigador de los Reales Jardines Botánicos de Kew, en Reino Unido, encontró en Instagram unas fotografías tomadas por Jeremías Harris en la región de Inírida, en Colombia.
Harris, responsable de un vivero de plantas carnívoras en Estados Unidos, había identificado inicialmente el ejemplar como Victoria amazonica, una de las especies de nenúfar gigante más conocidas.Magdalena, sin embargo, sospechó que podía tratarse de algo diferente.
La distribución natural conocida de los nenúfares del género Victoria no alcanzaba el río Inírida, situado en el departamento colombiano de Guainía, en la cabecera del Orinoco.
Aquella anomalía geográfica planteaba la pregunta de si podía esconderse allí una especie todavía no descrita.
Para comprobarlo, el investigador recurrió a imágenes satelitales y examinó el río y los lagos de sus alrededores y en ellas identificó varias agrupaciones de hojas flotantes compatibles con la presencia de estos nenúfares.
Harris confirmó que las plantas señaladas en los mapas coincidían con las que le habían mostrado los guías locales.El siguiente paso fue establecer una colaboración con Mauricio Bernal, del Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis, donde también se cultivan ejemplares del género Victoria.
La investigación incorporó además a miembros de las reservas indígenas del río Atabapo, entre ellos Nilo Rodríguez, Jaime Hernández y Gustavo Melo, pertenecientes a las comunidades vinculadas a los territorios de Caranacoa-Yurí-Laguna Morocoto y Puinave-Piapoco el Paujil.
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