La otra amenaza del estrecho de Ormuz: la invasión biológica
«Si tuvieses que diseñar el peor de los escenarios, no sé si lo harías distinto.
Es la tormenta perfecta».
Mario Tamburri, investigador del Centro de Ciencia Ambiental de la Universidad de Maryland (EE.UU.) mira con preocupación lo que ocurre en el estrecho de Ormuz, cuyo cierre mantiene inmovilizados a unos 1500 barcos en el golfo Pérsico desde el 28 de febrero.
Por Ormuz pasa en torno al 13 por ciento de todo el comercio marítimo mundial medido en volumen, además del 21 por ciento del petróleo consumido en el planeta.
Pero hay algo más.
Una catástrofe ecológica podría estar gestándose bajo la línea de flotación de los barcos.
Así lo recoge un informe titulado El cierre del estrecho de Ormuz podría desencadenar un episodio superdispersor de bioinvasiones, publicado en julio en la revista científica BIological Invasions y firmado por el propio Tamburri junto a más de 20 colegas de distintas instituciones.Los cascos sumergidos de las embarcaciones tienden a cubrirse de vida: en su superficie se acumulan microbios, algas e invertebrados.
Es lo que los científicos llaman biofouling .
Para evitarlo, las naves se cubren con pinturas antiincrustantes.
Pero su eficacia depende del movimiento del barco: la fricción del agua ayuda a liberar los biocidas y permite que se desprendan la capa superficial de la pintura y, con ella, los animales o vegetales que tratan de establecerse sobre ella.
Si el barco se detiene, la pintura antiincrustante pierde eficacia.Puertos como Algeciras, a donde llegarán estos barcos, tienen ya ecosistemas debilitados, terreno perfecto para especies oportunistas y de crecimiento rápido, que desplazan a las nativas Primero se instala entonces una fina película de microorganis-mos; luego llegan algas, gusanos, mejillones o percebes.
Se fijan al casco y se reproducen.
Y el golfo Pérsico ofrece las condiciones ideales para todo ello: agua cálida y seis meses (primavera y verano) en los que muchos invertebrados y algas viven en fase reproductiva.
Un solo adulto del percebe Amphibalanus improvisus , por ejemplo, puede liberar hasta 36 larvas al día a 30 grados.
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