Antes eras la leyenda, un monstruo, el crack... ahora eres 'la cabra'
¡Holiwis, Julito!Sé que llevamos ya unas cuantas cartas dándole vueltas al diccionario, y que a estas alturas ya te has resignado a que tu zeta favorita te siga bombardeando con 'palabros' que suenan más a código secreto que a español.
Pero antes de cerrar esta correspondencia, me apetecía dejarte una última palabra, quizás la más importante de todas.Verás, Julio, en mi generación hay ciertos términos que no se reparten a la ligera.
Se administran con cuentagotas, y cuando por fin se usan, es porque de verdad hay algo o alguien que se lo merece.
Hoy toca hablar de uno de esos términos: 'la cabra'.Tranquilo, no tiene nada que ver con cabras, aunque lo parezca.
Es la españolización de las siglas de 'Greatest Of All Time', algo así como «el mejor de todos los tiempos».
En inglés, G.O.A.T Se usa para coronar a alguien —o algo— como la cúspide absoluta de su categoría, sin discusión posible, sin matices, sin «bueno, depende».
Si alguien es La cabra, se acabó el debate.Lo curioso es que el término empezó reservado para gente como Muhammad Ali o Michael Jordan, y ahora se ha bajado al barro, porque reconozcámoslo: tu amigo puede ser la cabra haciendo la paella, tu prima puede ser la cabra cantando, y el señor del bar de abajo puede ser la cabra poniendo el café justo antes de que se te haga tarde.
Basta con hacer una cosa mejor que nadie a tu alrededor, aunque esa cosa sea aparcar en batería a la primera.Eso sí, como toda palabra generacional que se precie, la cabra tiene su propia norma no escrita: cuanto más se usa en broma, más se devalúa en serio.
Si se lo dices a todo el mundo, nadie es la cabra de nada.
Es la inflación del elogio, Julio, el primo lingüístico de subir el precio del café con la excusa de que ahora tiene «arte latte».Y aquí es donde quiero aterrizar, porque esta carta no va a tener respuesta tuya, y me parece el mejor sitio para decirlo: Julio, tú has sido la cabra.
Concretamente, la cabra de aguantar mis 'palabros' sin rendirte, de devolverme siempre la pelota con más ironía de la que yo esperaba, de demostrarme que hablar «raro» no es lo mismo que hablar distinto.
La cabra, sobre todo, de no cerrar la conversación con un «es que esto antes no pasaba», sino con curiosidad, con ganas de entender, con la generosidad de reírte de ti mismo tanto como te has reído de mí.Gracias por esta correspondencia, Julio, y por demostrar, carta a carta, que el diálogo entre generaciones no solo es posible: es divertido, es cariñoso, y a veces hasta más honesto que hablar con gente de tu misma edad.
No hacía falta que nos entendiéramos en el vocabulario para entendernos en lo importante.
Así que nada de enfrentar generaciones, Julio.
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