Un guitarrista de alta estirpe
Hay apellidos que pesan, y otros que, además, obligan.
José del Tomate pertenece a una estirpe en la que la guitarra no es sólo un instrumento, sino una forma de entender el flamenco y la vida.
El Teatro Alameda acogió anoche, dentro de la Bienal de Flamenco de Sevilla, a un guitarrista que lleva inevitablemente consigo la herencia de su padre, Tomatito, pero que parece empeñado en que ese legado sea un punto de partida y no un lastre imposible de superar.Con 'Sonanta 3.0', José del Tomate salió al escenario para reivindicar un toque propio, enraizado en la tradición y, al mismo tiempo, atento a su tiempo.
Para esta nueva propuesta, el guitarrista almeriense contó con Joni Cortés a la percusión y la electrónica en directo, además del acompañamiento del cante y las palmas de Kiki Cortiñas y la guitarra acompañante de Cristi Santiago.
Una formación con la que 'Sonanta 3.0' planteó desde el escenario un diálogo entre el sonido más reconocible de la guitarra flamenca y las posibilidades que ofrecen los nuevos recursos electrónicos.Porque mirar hacia delante no significa necesariamente renunciar a lo aprendido.
Y buena parte de la propuesta de José del Tomate se sostuvo precisamente sobre ese delicado equilibrio entre la memoria y la búsqueda de nuevos caminos.
La electrónica y la percusión de Joni Cortés aportaron nuevas texturas al sonido sin desplazar a la guitarra del centro de un espectáculo concebido, ante todo, alrededor de las seis cuerdas.El recital comenzó con un homenaje a Camarón y a 'La leyenda del tiempo', aquel mítico disco en el que estuvieron presentes Tomatito y Raimundo Amador.
Después, José abordó su primer toque en solitario, demostrando por qué es uno de los jóvenes guitarristas mejor considerados del panorama actual.
Liberada por unos instantes de cualquier otro acompañamiento, la guitarra pudo hablar por sí misma y mostrar tanto la sensibilidad como la personalidad de su intérprete.Y a pesar de que por sus venas corra sangre flamenca de tanta enjundia, el artista sabe también marcar la pauta con su propio sello, porque está llamado a transitar por esa senda reservada a unos pocos elegidos.
Así lo demostró con una interpretación que osciló entre la euforia y la melancolía, entre momentos de mayor intensidad y otros en los que el toque adquirió una dimensión más íntima.El hijo de Tomatito reivindicó su propio lenguaje con un espectáculo que rindió homenaje a sus raíces flamencas y a CamarónMuy hermoso fue también el momento en el que el toque se hizo milonga y la guitarra de José acompañó la voz del recordado Juanito Valderrama, de quien sonó su 'Rosa cautiva'.
El público agradeció aquel milagroso encuentro entre generaciones —la pasada y la futura—, que convergieron por unos instantes en un mismo punto de fuga.
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