Cisjordania cambia de mapa mientras el mundo mira a Gaza
Gaza se destruye ante las cámaras.
Cisjordania cambia cuando las cámaras miran hacia otro lado.
Allí, la transformación avanza de forma menos espectacular pero constante: asentamientos que crecen, comunidades que se vacían, carreteras que se cierran y tierras palestinas que dejan de ser accesibles.
Bajo el Gobierno de Benjamin Netanyahu, esa suma de pequeños hechos consumados está redibujando el territorio sin necesidad de anunciar una nueva frontera.
Los datos ayudan a entender la dimensión del proceso.
Entre enero y agosto de 2026, Naciones Unidas documentó más de 1.600 ataques de colonos israelíes que provocaron víctimas palestinas o daños materiales, una media de 6,7 al día, frente a los cinco diarios registrados en 2025 y apenas 1,5 en 2021.
La violencia alcanzó en solo ocho meses a 275 comunidades palestinas, prácticamente tantas como durante todo el año anterior.
No se trata únicamente de un aumento cuantitativo de las agresiones.
Lo que está cambiando es su extensión y, sobre todo, sus consecuencias.
Naciones Unidas documenta ataques contra viviendas, cultivos, explotaciones ganaderas, redes eléctricas y sistemas de abastecimiento de agua.
En algunas localidades, los colonos han arrancado olivos, destruido cosechas, ocupado terrenos de pastoreo o dañado tuberías de las que dependen familias enteras.
La acumulación de esa presión acaba convirtiendo actividades tan básicas como trabajar la tierra, desplazarse hasta una población vecina o mantener ganado en una tarea cada vez más difícil.
El mapa cambia sin necesidad de mover las fronteras Ese mecanismo explica por qué lo que sucede en Cisjordania va mucho más allá de una sucesión de incidentes violentos.
No siempre hace falta una orden oficial de expulsión para conseguir que una familia termine abandonando su tierra.
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