El reloj de Sánchez
En política, controlar los tiempos es casi tan importante como controlar el poder.
Pedro Sánchez lo sabe bien.
Y en la crisis de Ceuta ha vuelto a demostrarlo: frente a una emergencia que exigía explicaciones inmediatas, ha optado por dosificarlas.
Los ministros han ido viajando por turnos, las comparecencias se han aplazado o agrupado y el presidente ha conseguido mantenerse fuera de foco.
No se trata tanto de silencio como de calendario.
La técnica tiene una ventaja evidente.
Cada día ganado permite sustituir la urgencia de los hechos por la administración del relato.
Incluso las contradicciones son más manejables por entregas.
Exteriores e Interior enfatizaron la devolución y la cooperación con Marruecos; Sanidad, Juventud e Infancia, la acogida y la protección.
El episodio del cese de la responsable de comunicación del Departamento de Seguridad Nacional encaja en esta misma lógica.
La cuestión interesante es si este método permite interpretar el mayor calendario de todos: el electoral.
Sánchez tiene varias ventanas posibles.
El plazo máximo para convocar es el 28 de junio de 2027 (votaríamos en agosto); pero podría hacerlas coincidir con las autonómicas y municipales del 23 de mayo y aquellos que no quieren esto se decantan por marzo.
Como diciembre reúne ingredientes políticos difíciles de ignorar, la hipótesis de votar el 6-D ha cogido fuerza.
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