La vuelta al cole y el silencio: cómo hablar con un hijo que no habla
Hay una escena que se repite en miles de casas españolas cada mes de septiembre. Los padres preguntan "¿qué tal el insti?" y reciben, como toda respuesta, un "bien" seco, casi automático, que cierra la conversación antes de que empiece. No es necesariamente un gesto de rebeldía ni un capricho adolescente. A veces, detrás de ese monosílabo hay mucho más de lo que parece , y muchas familias no saben cómo llegar hasta ahí .
La vuelta al colegio no es solo un cambio de rutina. Es también el momento en el que se reactivan la presión académica , la exigencia de encajar en un grupo y, en algunos casos, el reencuentro con problemas que ya existían antes del verano y que las vacaciones solo habían puesto en pausa. Para un adolescente que atraviesa un mal momento, septiembre puede convertirse en el mes en el que las dificultades vuelven a hacerse visibles, aunque no siempre lo hagan en voz alta.
El problema es que ese malestar rara vez se anuncia con una frase clara. Se cuela en un silencio más largo de lo habitual, en una puerta que se cierra con más fuerza, en un plato que vuelve casi intacto. Saber leer esas señales es solo la mitad del reto. La otra mitad, la más difícil, es saber qué decir cuando por fin surge la oportunidad de hablar , y qué evitar decir para que esa oportunidad no se cierre para siempre.
Marta Ruiz Hernández , enfermera especialista en salud mental del Hospital Universitario Rey Juan Carlos , lleva años acompañando a adolescentes y familias en este tipo de situaciones, y coordina en su centro un programa hospitalario de prevención y detección precoz de problemas de salud mental en institutos. Su experiencia diaria confirma que septiembre no es un mes cualquiera para la salud emocional de los jóvenes.
Para entender por qué la vuelta al cole resulta tan sensible, conviene pensar en todo lo que se concentra en esas primeras semanas: nuevos horarios, nuevas exigencias y, muchas veces, la reaparición de dinámicas de grupo que durante el verano habían quedado en suspenso. Ruiz Hernández lo resume así: "Septiembre puede actuar como un 'reinicio' emocional: vuelta a la exigencia académica, miedo al grupo, cambios de etapa, presión por rendir o reencuentro con conflictos previos".
Esa idea del "reinicio" ayuda a entender por qué muchos adolescentes llegan a las aulas con más ansiedad de la que muestran en casa. Y también explica por qué las señales de alarma no siempre son verbales. La especialista detalla algunas de ellas, señales que un profesor puede observar en el aula pero que una familia también puede reconocer en su propio salón: "Un profesor puede detectar señales no verbales como aislamiento repentino, caída del rendimiento, absentismo, irritabilidad, cansancio persistente, cambios bruscos de conducta, llanto fácil, desconexión en clase, evitación del recreo, mangas largas en contexto de calor o comentarios indirectos de desesperanza".
Trasladadas al ámbito doméstico, muchas de esas señales tienen un equivalente sencillo de observar: el aislamiento en la habitación , el desinterés repentino por actividades que antes gustaban o los cambios de humor que se instalan durante semanas en lugar de durar solo un día.
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