La nueva maquila
Cuando éramos niños, mi hermano Juan abría una caja de LEGO con la emoción de quien está a punto de construir una pequeña obra de ingeniería.
Sobre la mesa aparecían las piezas, las instrucciones y la promesa de crear algo con sus propias manos.
Durante un tiempo creí que eso era exactamente lo que hacía.
Después entendí la diferencia entre ensamblar y crear.
Juan colocaba cada pieza con paciencia, pero alguien más ya había imaginado y diseñado el objeto, hasta escrito las instrucciones.
Él construía, sí, aunque dentro de una idea ajena.
México corre el riesgo de repetir esa escena a una escala mucho mayor.
Durante décadas convertimos la manufactura en una fortaleza nacional.
La ubicación geográfica, la capacidad industrial y el talento de millones de trabajadores hicieron del país una plataforma de producción para el mundo.
Ese logro no debe minimizarse.
Generó empleo, exportaciones, infraestructura y experiencia técnica.
Pero tampoco debemos confundir una plataforma de producción con soberanía tecnológica.
La frontera industrial ya se mueve hacia los semiconductores, los centros de datos, los equipos de cómputo y la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial.
La pregunta relevante no es cuántos componentes podremos ensamblar, sino cuánto valor podremos diseñar, patentar, financiar y vender desde México.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elfinanciero.com.mx — el contenido pertenece a El Financiero.