Esplendor en la hierba
“Creo que es tiempo ya de que hablemos de sexo”.
Eso le dijo el padre de familia a su hijo adolescente.
“Cómo no, papá –replicó el muchacho–. ¿Qué quieres saber?”...
“Desearía pedirle algo, pero no me atrevo”.
Con tono vacilante la guapa señora de la casa se dirigió al apuesto plomero que trabajaba en la cocina.
“Dígame, señora” –respondió él–.
“Mi marido es mucho mayor que yo –empezó la mujer–, y tiene ciertas limitaciones, ¿me entiende? En cambio, usted es joven y fuerte.
Quisiera que...”.
“¡Dígame, señora! ¡Dígame!” –exclamó con ansiedad el ya excitado tipo.
Completó la señora: “Quisiera que me cambiara de lugar el refrigerador”...
Wordsworth, poeta inglés, está en el Cielo.
Ahí van todos los poetas, incluso los que merecen el infierno.
No se disgustará, entonces, por la desmañada traducción que hago de unos hermosos versos suyos: “Aunque nada puede traer de regreso el tiempo del esplendor en la hierba, de la gloria en la flor, no habremos de lamentarnos, pues nos vivificará el recuerdo de las cosas idas”.
La frase “esplendor en la hierba” sirvió de título a una película dirigida en 1961 por Elia Kazan , de triste fama por su indigna conducta durante el “tiempo de canallas” que presidió el infame senador McCarthy, autor de una lista persecutoria semejante a la que hace unos días esgrimió la 4T para hostilizar a sus críticos.
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