Las empresas no fracasan por sus errores, sino por lo que hacen después
Estaba por iniciar mi primera aventura en la industria del turismo: una expedición para bucear con tiburones blancos en Isla Guadalupe.
Después de un año de trabajo y con 22 personas listas para vivir la experiencia, una llamada cambió todos mis planes.
“Gerardo, lo siento mucho.
Hay una tormenta tremenda.
La expedición está cancelada.” Intenté reagendarla, pero no había opciones.
Lo único que sí podía decidir era qué hacer frente al problema.
Elegí dar la cara, hablar personalmente con cada una de las personas que habían confiado en mí y explicarles lo que había sucedido.
Años después, sigo pensando en aquella experiencia cada vez que veo a una empresa enfrentar una crisis.
Porque hay algo que he aprendido después de trabajar con equipos y líderes: los errores son inevitables.
Lo que no debería ser inevitable es esconderlos.
En una organización, un error puede comenzar siendo pequeño.
Una decisión que no funcionó, un dato que se pasó por alto, un cliente que no recibió lo que esperaba o una alerta que nadie quiso escalar.
El problema aparece cuando, por miedo a las consecuencias, alguien decide guardar silencio, retrasar la comunicación o buscar a quién responsabilizar.
Y mientras más tiempo pasa, más caro puede volverse el error.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elfinanciero.com.mx — el contenido pertenece a El Financiero.