NosotrAs: Las mujeres que me trajeron hasta aquí
Uno de los primeros viajes que pude hacer con mi mamá fuera del país fue a Nueva York.
Para entonces, mis ahorros empezaban a permitirme experiencias que durante mucho tiempo habían sido sueños.
Caminábamos por la ciudad cuando se quedó mirando los edificios, suspiró y me dijo que a veces imaginaba cómo habría sido su vida si hubiera tenido otras posibilidades para elegir su camino.
Me quedé pensando en quién habría sido Lupita si las circunstancias hubieran sido distintas.
Mi mamá llegó muy joven a Saltillo desde Nueva Rosita, Coahuila.
Estudió para ser técnica laboratorista y su camino la llevó a un banco, donde construyó una carrera de más de treinta años.
De niña, muchas tardes la acompañaba mientras trabajaba.
La gente la buscaba porque “Lupita” era la que resolvía.
Hoy entiendo que ahí aprendí mucho antes de saber que estaba aprendiendo.
Y cuando no estaba con mi mamá, estaba con mi abuela Rafaela.
Años después, empecé a preguntarme quién había sido ella como mujer.
Recuerdo su fuerza, su carácter y cómo estaba pendiente de los demás.
Cuando enfermó, entendí cuánto le pesaba no poder estar para nosotros como antes.
Hoy comprendo que cuidar era parte de su identidad y cuánto de esa fortaleza vive en mí.
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