NosotrAs: Un vistazo al feminicidio desde la filosofía feminista y la hermenéutica
El símbolo, la tradición, la historia, la cultura, los estereotipos, la representación, el sistema de dominación patriarcal, la perspectiva histórica y el machismo romántico son unos de los conceptos que deben considerarse al hablar de la figura típica del feminicidio.
Lo anterior se debe a que, desde una perspectiva hermenéutica, es la tradición feminista –voces de miles de mujeres que han luchado por el reconocimiento de sus derechos, aún y cuando “las mujeres de los siglos pasados no tuvieron, la mayoría de las veces, ni el tiempo, ni las posibilidades que tuvieron los hombres para anotar y ordenar sistemáticamente sus pensamientos”– la que ha logrado la positivización de este delito en la ley.
Esto no es más producto de la lucha contra el sistema histórico patriarcal, concepto que tomo de Lerner.
Debemos considerar al delito de feminicidio desde una perspectiva jurídica, pero también filosófica, para entender su origen y contexto, así como su significado y relevancia en la legislación y en la sociedad.
Esto permite afrontar posibles cuestionamientos respecto de su legalidad, como los que pueden encontrarse, por ejemplo, en los comentarios de cualquier publicación en redes sociales respecto a un feminicidio, donde suele aparecer la premisa “a nosotros también nos matan”.
El cuerpo fallecido de una mujer, arrojado en vía pública, con signos de violencia física y sexual en su cuerpo, dice mucho más que el solo hecho de que se privó de la vida a alguien.
En estos casos, no solo se priva de la vida a una mujer, sino que también hay un mensaje detrás de esa aberración: hay un simbolismo, y para el perpetrador, es la representación de algo.
Por ejemplo, la violencia sexual ejercida sobre un cuerpo fallecido simboliza el control histórico de la sexualidad femenina como “apropiación por parte de los hombres de la capacidad sexual y reproductiva de las mujeres.
Así, una razón de género como arrojar el cuerpo de una mujer en un espacio público muestra que, para el agresor, el cuerpo de la mujer es un objeto y, según Simone de Beauvoir, una manera de reafirmar su alteridad, ya que “frente a sí, el hombre tiene a la naturaleza; tiene poder sobre ella, trata de apropiársela.
Pero ella no podría satisfacerlo; o bien, no se realiza sino en tanto que oposición puramente abstracta, es obstáculo y permanece extraña, si bien sufre pasivamente el deseo del hombre y se deja asimilar por él, este no la posee más que consumiéndola, es decir, destruyéndola”.
No podemos desatender el carácter simbólico del término feminicidio, pues detrás de él hay todo un sistema de violencia contra la mujer.
La creación del tipo penal de feminicidio emerge como un grito que trata de visibilizar una situación que es, desgraciadamente, cotidiana.
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