Romero, Ulloa y Lezama: Opacidad y corrupción dentro de la 4T
La corrupción, que dejó sembrada Andrés Manuel López Obrador en el imaginario colectivo, era el origen de los males de México y él acabaría con ella.
No habría más funcionarios enriquecidos al amparo del poder ni privilegios.
Tampoco gobiernos que utilizaran los recursos públicos para beneficiar a los amigos, o una clase política que predicara austeridad mientras vivía como millonaria.
La corrupción sería cosa del pasado.
Su sola llegada a la Presidencia inyectaría mágicamente pureza y lo que aún quedara de la escoria sería barrido de arriba hacia abajo.
Pura palabrería.
Puros engaños.
El pasado nunca se fue; llegó revigorizado al presente.
En sólo dos semanas, para no escarbar los últimos ocho años, los casos de Octavio Romero Oropeza , Carlos Ulloa y Mara Lezama volvieron a escupir la honestidad valiente de López Obrador, al quedar envueltos por una nube de sospecha de corrupción y conflictos de interés, que aumentó la presidenta Claudia Sheinbaum al litigarlos mediáticamente, en lugar de instruir a la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno a revisar los señalamientos públicos en su contra.
La omisión de su responsabilidad también es un delito.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en vanguardia.com.mx — el contenido pertenece a Vanguardia (Coahuila).