"Mary y Max": una amistad que solo México entiende
Adam Elliot lleva buena parte de su vida creando personajes que no saben cómo encajar: personas solitarias , excéntricas, con miedos y pequeñas obsesiones que les ayudan a sobrellevar un mundo que no siempre resulta amable con ellas.
Lo hizo con Grace, la mujer que coleccionaba caracoles en Memorias de un caracol , película nominada al Oscar que encontró en México a su público más numeroso, y antes con Mary y Max , sobre dos desconocidos separados por más de 16 mil kilómetros que se hacen compañía a través de cartas.
Ahora ellos también encontrarán compañía en México.
A 17 años de su estreno, Mary y Max, ópera prima del director, llegará por primera vez a salas mexicanas.
Y se estrena ante un público mexicano que la adoptó desde su lanzamiento directo en DVD.
“Muchas veces me he preguntado por qué mis películas son tan populares en México.
Más que en Francia o Australia.
Creo que debería mudarme a México”, dice entre risas a EL UNIVERSAL .
Su cine puede hablar de depresión, muerte y aislamiento, afirma, pero también encuentra humor en personajes golpeados por la vida.
“Los latinoamericanos tienen una pasión que no encuentras tanto en países como Suecia o Dinamarca.
Está el melodrama, las ganas de vivir y esa comprensión de que la vida es corta, así que hay que abrazarlo todo: lo bueno, lo malo, los momentos altos y los bajos.
Siento esa especie de sistema de valores compartido, y de eso tratan mis películas”.
Solitarios que se encuentran Mary y Max sigue a Mary, una niña de ocho años que vive en Melbourne con unos padres poco afectuosos.
Un día elige al azar un nombre de una guía telefónica y escribe a Nueva York.
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