Mirador 15/09/2026
El viajero llega a Segovia y contempla el gran acueducto romano.
Las piedras, mudas, hablan.
Dicen de un poderoso imperio desaparecido, y predicen que todos los imperios desaparecerán al paso de los tiempos, y serán como ceniza.
El viajero va a caer en la tentación de decir que estas piedras son espejo de ceniza.
Su silencio, sin embargo, lo hace callar.
Ahora el viajero siente hambre y siente sed.
Las meditaciones no quitan ni la sed ni el hambre.
Cerca está la tradicional casa de Cándido.
A ella va el viajero.
Su buena fortuna le pone en el plato un trozo de cochinillo de jugosa y suave carne y crepitante piel, y en la mesa una copa de rojo vino lleno de intenciones.
Bebe el viajero, y come.
Se ha olvidado de Roma, de las piedras, de los imperios y del tiempo.
No se lo reprochemos.
Es humano. ¡Hasta mañana!...
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