Los “Morenos” enfrentados hacia el 2030
Luego de que se le hizo bolas el engrudo, la dirigencia nacional de Morena hizo el destape de sus llamados Coordinadores Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional con las definiciones en Michoacán y Guerrero; avanza el reparto de candidaturas para las gubernaturas que estarán en juego en 2027 y, aunque pretendan disfrazarlo con una nomenclatura partidista, la realidad política resulta difícil de ocultar: son actos anticipados de campaña.
El primer problema es evidente.
Habrá que ver hasta dónde el INE y posteriormente el Tribunal Electoral consideran que las actividades de esos “coordinadores” permanecen dentro de la vida interna de Morena y cuándo cruzan la frontera hacia los actos anticipados de campaña.
Aunque esperar demasiado de las autoridades electorales sería ingenuo.
Morena llegará a 2027 con una ventaja formidable: controla el Ejecutivo federal, domina el Congreso, gobierna buena parte del país y enfrenta a una oposición partidista que todavía no logra construir una alternativa nacional capaz de entusiasmar a millones de electores.
PAN, PRI y Movimiento Ciudadano pueden arrebatar posiciones y eventualmente ganar alguna gubernatura, pero hoy el peligro más serio para Morena está en su seno.
Está en los aspirantes que serán sacrificados para imponer candidatos; en los gobernadores que pretenden designar sucesores; en los senadores y diputados que llevan años construyendo proyectos personales; en los grupos regionales que no están dispuestos a entregar sus territorios y, especialmente, en la disputa por determinar quién mandará realmente en la segunda mitad del sexenio y quién construirá desde ahora la candidatura presidencial de 2030.
Porque cada gobernador electo en 2027 será algo más que un mandatario estatal.
Representará presupuesto, estructura política, operadores, alcaldes, diputados locales y miles de cuadros que tres años después tendrán participación en la sucesión presidencial.
Por eso detrás de cada candidatura existe una batalla mucho más grande que la simple elección de un gobernador.
También comenzará a conocerse hasta dónde llega realmente la disciplina interna.
Mientras había cargos para repartir entre todos, la unidad resultaba relativamente sencilla.
El problema aparece cuando llega la hora de decirles a varios aspirantes que solamente uno será candidato.
Entonces desaparecen las fotografías sonrientes, comienzan las filtraciones, aparecen expedientes comprometedores, se desempolvan escándalos y las encuestas milagrosamente empiezan a favorecer al personaje que cada grupo quiere imponer.
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