Salud auditiva en la era de los audífonos: ¿estamos perdiendo el oído más jóvenes?
En el mundo moderno, los audífonos se han convertido en un accesorio indispensable para la vida cotidiana.
Los utilizamos para trabajar en espacios ruidosos, ejercitarnos, tomar llamadas o aislarnos del entorno mediante tecnologías de cancelación de ruido.
Sin embargo, este hábito constante de consumo sonoro directo en el canal auditivo está transformando de manera silenciosa la salud de la población.
Históricamente, explica la Dra.
Sandra Lucía Velázquez Rodríguez , especialista en otorrinolaringología del Centro Médico ABC , la pérdida de audición se asociaba de forma casi exclusiva al envejecimiento natural o a la exposición laboral a maquinarias pesadas; hoy en día, los consultorios médicos reciben a pacientes cada vez más jóvenes con signos de deterioro auditivo antes reservados para adultos mayores.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que más de 1,000 millones de jóvenes a nivel global corren el riesgo de sufrir pérdida auditiva evitable debida a prácticas de escucha no seguras.
Entender cómo funciona la anatomía del oído, de qué manera el impacto acústico prolongado causa estragos a nivel celular y qué medidas prácticas se pueden tomar para prevenir daños irreversibles es fundamental para preservar nuestra capacidad de escuchar a lo largo de toda la vida.
Leer también Apophis, el asteroide del tamaño de la Torre Eiffel que se acercará a la Tierra El impacto del volumen y el tiempo: ¿por qué los audífonos dañan la audición a temprana edad? Para comprender el daño ocasionado por el uso inadecuado de tecnología de audio personal, es necesario entender el mecanismo interno de la audición.
El oído interno alberga la cóclea, una estructura en forma de caracol llena de líquido y recubierta por miles de microscópicas células ciliadas.
Estas células son las encargadas de convertir las vibraciones sonoras en impulsos eléctricos que el cerebro interpreta como sonido.
A diferencia de otros tejidos del cuerpo humano, las células ciliadas no se regeneran.
Cuando una persona expone sus oídos a sonidos de alta intensidad, el impacto mecánico de las ondas sonoras sobre estimula estas células, provocando que se fatiguen, se deformen y, eventualmente, mueran.
La clave de este problema radica en la combinación de dos factores críticos: la intensidad del volumen (medida en decibelios) y el tiempo acumulado de exposición.
El oído humano está diseñado para procesar sonidos ambientales diarios de entre 30 y 60 decibelios (dB) sin experimentar desgaste significativo.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.eluniversal.com.mx — el contenido pertenece a El Universal.