¿Ahí viene el lobo?
Día con día la propaganda morenista encabezada por la presidenta de México amenaza a los mexicanos como si de niños se trataran asustando con el lobo, de que o aceptan su régimen del obradorato o vendrá la derecha a gobernar, pero ¿acaso es peor el lobo con el que quieren asustar que el monstruo del Estado mafioso que ahora tiene el poder? Además si de derecha de la derecha ósea eso que ahora se llama la ultraderecha hablamos, no se olvide que López Obrador en la formación de su movimiento metió de todo como en un bote de tamales y dentro de estos metió y les dio espacios que hasta el día de hoy conservan sobre todo en el poder legislativo a la ultraderecha como a los lideres del Yunque y la “mexicana” iglesia de la luz del mundo , así es que la titular del ejecutivo seguro se muerde la lengua cada vez que en sus letanías mañaneras habla de la derecha, ademas, no olvidemos decirlo una vez más que Morena es un movimiento no solo autocrático sino que evidenciados día a día que han hecho del Estado mexicano un Estado mafioso.
La nueva derecha o ultraderecha que ahora se viene posicionando como alternativa política, en muchos lugares del mundo tiene ya el poder político, podemos decir que tiene dos antecedentes que apenas datan de hace diez años, por un lado en Reino Unido cuando impulsaron y ganaron el BREXIT, es decir salirse de la Unión Europea y la primer llegada a la Casa Blanca de Donald Trump ambos en 2016.
Comencemos por el principio, ¿de dónde proviene el término ese de “la derecha “? , nació en 1789 cundo se instaló la Asamblea Nacional Constituyente de Francia en la Revolución Francesa, cuando los partidarios del rey Luis XVI, que defendían sin duda alguna a la monarquía y el orden tradicional viendo desde los que presidían la Asamblea se sentaban a su derecha.
De manera tradicional hasta antes de esto se identificaba en la teoría que la derecha tenía como características esenciales: la desigualdad como una forma “natural” de la sociedad, y dentro de esta lógica piensa que las jerarquías sociales que se dan, así como las diferencias en la posición social son obra del mérito personal o surgen de condiciones inherentes a la condición humana, así que al aceptarse la desigualdad como parte del orden establecido rechazan la intervención estatal que busca a través de políticas públicas corregir dicha desigualdad a través de programas sociales que son una forma de redistribución de la riqueza y con estas consideraciones impulsan el capitalismo de libre mercado donde las capacidades individuales y el mérito con una mínima intervención del Estado pueden premiar al individuo.
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