Un sobrino es un hijo prestado
Había días en los que me llegaba la nostalgia sin avisar.
Aquel era un viernes cualquiera, pero uno coloreado de grises y azules oscuros que, en cualquier película o libro, son perfectos; en mi caso, eran el boleto para recordar a mi madre.
Pensar en ella era doloroso.
No por lo obvio, sino porque he descubierto que crecer también significa ir perdiendo algunos recuerdos.
Hace unos años aún podía escuchar la canción que cantaba mientras hacía el aseo de la casa; hoy apenas puedo silbar la tonada.
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