NosotrAs: Ternura, resistencia y supervivencia
Conforme crezco y más adulta me vuelvo, siento que cada vez le soy más útil al sistema que prioriza la individualidad, la eficiencia, la productividad y la rapidez.
Mientras más cosas hago, siento que voy perdiendo mi capacidad de asombro, mi mirada compasiva y la oportunidad de ver la cara del otro. ¿Cómo puedo ver a mi vecina, a mis amigas y a los animales en situación de calle si el trabajo y la rutina diaria consumen mi tiempo, energía y recursos? La psicóloga Belén Riveros comenta que como seres humanos estamos diseñados para conectar con otros y que el sistema nos está enfermando al impedirnos dicha conexión, pues nos educan para insensibilizarnos ante el sufrimiento ajeno.
Existimos en un mundo que prioriza producir y consumir todo el tiempo en un ciclo que no tiene fin: despertamos temprano, vamos al trabajo, regresamos, lavamos la ropa, lavamos los platos, limpiamos la casa, dormimos y al día siguiente repetimos la rutina.
En un mundo que va tan rápido es más sencillo priorizar la vida y los intereses propios.
Si veo a un perrito lastimado, lo miro solo unos segundos y después me vuelvo a enfocar en mis actividades.
No es que seamos malas personas, solo que muchas veces somos indiferentes y no es que hayamos nacido así, pues en la infancia tenemos mayor capacidad de ser receptivos al sufrimiento ajeno, pero es el sistema quien nos va pedagogizando hacia la indiferencia.
Entre el ajetreo cotidiano y las responsabilidades adultas vamos perdiendo esa capacidad de conmovernos y movilizarnos.
No obstante, la ternura es una forma de resistencia radical que detiene el ciclo de la desensibilización y transforma nuestras relaciones y al mundo.
Se suele asumir que la ternura es blanda, bonita y frágil, pero decidir ser tiernos fuera del ámbito privado es un acto político que tiene consecuencias reales.
Recuerdo cuando mis profesoras y profesores se detenían a escuchar mis problemas, me acompañaban y me aconsejaban.
Seguramente se retrasaron con su trabajo cuando decidieron escucharme, sostenerme y cuidarme, pero aun así estuvieron para mí.
La ternura y bondad que recibí de desconocidos transformaron y salvaron mi vida, me permitieron conocer que otras formas de relacionarnos y habitarnos existen y, aunque no voy por la vida creyendo que se puede salvar al mundo, sí creo que se pueden construir espacios donde la ternura, el respeto y el diálogo habiten.
Como dijo la psicóloga Riveros, la ternura propone aprender a conmoverse y dejarse afectar por el otro, a no mirar a otro lado cuando alguien sufre.
La revolución de la ternura ocurre desde lo pequeño y cotidiano.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en vanguardia.com.mx — el contenido pertenece a Vanguardia (Coahuila).