Juan Arturo Brennan: Hopkins, músico
A Sir Anthony Hopkins (1937) se le admira, y se le recordará siempre, como un gran actor de las tablas y la pantalla (grande y chica), creador de un buen número de personajes icónicos en ambos medios.
De entre todos ellos, el que prefiero es su trágico Tito Andrónico en la subvalorada película Titus (1999) de Julie Taymor, donde comunica con singular intensidad las horrendas tribulaciones del personaje titular en una salvaje historia de nota roja surgida de la hiperactiva pluma de William Shakespeare.
Nosotros, en México, lo recordaremos muy especialmente por uno de los momentos más desopilantes de la historia de la televisión “cultural” local, cuando aquel periodista lo tuvo sentado enfrente con motivo de la presentación y promoción de una de sus películas, y atacó al actor con la inolvidable pregunta: “¿Juay de Rito?” Si la pregunta dio lugar a la impagable carcajada colectiva, la cara de estupefacción del actor galés quedó como un clásico del histrionismo espontáneo más acabado.
El caso es que Hopkins, además de un actor de primera, es un buen compositor que estuvo a punto de optar por esta carrera.
Desde su juventud ha escrito música casi sin parar cuando su oficio principal se lo permite, y una muy buena muestra del fruto de sus esfuerzos en este campo se encuentra en el muy apreciable disco Life is a Dream (‘La vida es un sueño’), lanzado en agosto por el sello Decca, y en el que Gustavo Dudamel se encarga de interpretar algunas de sus obras sinfónicas al frente de la Orquesta Filarmonía.
La audición del disco permite descubrir, en lo general, que Hopkins posee una buena mezcla de talento, intuición y mesura, así como un oficio que muchos músicos profesionales le envidiarían.
He aquí, entonces, algunos comentarios sobre pistas selectas de Life is a Dream.
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