NosotrAs: Cruzar el charco
Crecí escuchando las historias de mis padres de cuando vivieron en el extranjero antes de que naciera.
Al escucharlos, supe que mi sueño era explorar el mundo y crecer profesionalmente como lo hicieron ellos.
Nunca imaginé recorrer calles con paisajes únicos, ni conocer los clásicos pubs ingleses, o que llegaría a redescubrirme al salir de casa.
Adaptarse a un nuevo sistema educativo implicó un gran desafío.
Son exigencias distintas y métodos de estudio nuevos.
Incluso estar lejos de casa y de mi red de apoyo significó grandes retos emocionales.
Sobrellevar estas situaciones es complejo para cualquiera, pero lidiar con ello teniendo TDAH resulta doblemente agotador.
Se nos exige a las mujeres ser fuertes y resilientes, pero se minimizan nuestras emociones constantemente.
Sumado a esto, las personas neurodivergentes solemos presentar desregulación emocional, experimentamos nuestras emociones intensamente.
Me encontré en un espacio exigente que prioriza la productividad y la excelencia, invalidando la carga emocional que conlleva ser estudiante extranjera.
No sabía con quién comunicarme para pedir apoyo.
Mi familia tenía sus propios compromisos, mis amigos en casa lidiaban con otros problemas, y las amistades que acababa de hacer no me conocían lo suficiente.
En mi familia la expectativa era grande.
Las noches en mi departamento no eran para descansar, estudiaba y me obligaba a entender cada tema a la perfección.
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