Tiempo de acuerdos en el Congreso
Arrancó el primer periodo de sesiones del tercer año de la LXVI Legislatura con nuevos liderazgos en ambas cámaras y, contra lo que algunos anticipaban, la jornada inaugural transcurrió sin el zafarrancho que se preparaba alrededor de la entrega del Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El mexiquense Higinio Martínez, al frente de la Mesa Directiva del Senado, y el ecologista Raúl Bolaños, en la Cámara de Diputados, cumplieron con creces su primera prueba política al mantener los cauces institucionales, contener los ánimos de las bancadas y permitir que Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, entregara el informe presidencial sin que San Lázaro terminara convertido nuevamente en arena de insultos, empujones y descalificaciones.
No es poca cosa considerando el nivel de polarización que existe en el Congreso.
PAN y PRI preparaban una protesta política durante la ceremonia y correspondió a los nuevos liderazgos parlamen tarios realizar el trabajo previo para evitar que la confrontación escalara y garantizar que se cumpliera el protocolo constitucional.
El problema es que esa capacidad para dialogar, negociar y construir acuerdos aparece generalmente cuando el oficialismo necesita que las cosas salgan bien.
Cuando Morena requiere aprobar una reforma, garantizar una ceremonia republicana, reunir votos o cuidar la imagen institucional del Congreso, entonces sí aparecen las llamadas telefónicas, las reuniones privadas, los buenos modales y las invocaciones a la pluralidad.
Pero cuando ya no necesita a la oposición, desaparece misteriosamente la vocación democrática.
Esa ha sido una de las características más preocupantes del Poder Legislativo durante los últimos años: Morena y sus aliados utilizan su mayoría como sustituto del diálogo.
Tener los votos suficientes para aprobar una iniciativa no significa tener siempre la razón.
En cualquier democracia madura, las mayorías gobiernan, pero las minorías participan, fiscalizan, proponen y obligan al poder a explicar sus decisiones.
El Congreso existe precisamente para procesar diferencias, no para convertirse en una oficialía de partes del Ejecutivo.
Por ello resulta importante tomarles la palabra a Higinio Martínez y Raúl Bolaños cuando aseguran que durante sus respectivas presidencias habrá respeto, institucionalidad y diálogo con todas las fuerzas políticas.
Pero deberán demostrarlo cuando lleguen las votaciones difíciles.
La primera gran prueba será el paquete económico para 2027.
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