El día que encontraron un mamífero en un lugar imposible: en Los Andes, a casi 7,000 metros de altura
Conforme se ganan metros sobre el nivel del mar, la flora y la fauna cambian drásticamente.
No vamos lejos, las caminatas en bosques circundantes a Ciudad de México como Los Dinamos hacen que uno descubra árboles que pocas veces se aprecian en las grandes urbes.
Pero si dejamos atrás esas altitudes y subimos todavía más, hasta los techos más extremos del continente, la vida se reduce al mínimo y ver mamíferos se convierte en una anomalía.
O casi: hay uno que resiste el invierno perpetuo, las temperaturas congelantes y, sobre todo, la falta de oxígeno .
Se trata de un animal sumamente pequeño: el ratón orejón andino , que habita en las alturas de la cordillera de los Andes. {"videoId":"xaa9jz8","autoplay":true,"title":"Sony 1000X The Collexion", "tag":"Sony", "duration":"94"} Un supermamífero a prueba de todo .
Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Nebraska-Lincoln detalla cómo el ratón orejón andino ( Phyllotis vaccarum ) no solo sobrevive, sino que prospera a una altitud que para cualquier otro mamífero sería una sentencia de muerte.
Llegar a cimas que rozan los 7,000 metros de altura ya es una hazaña extrema para los alpinistas, pero habitarlas de forma permanente desafía las leyes de la fisiología animal.
El secreto de su supervivencia .
La gran incógnita es cómo logran mantenerse activos a más de 6,000 metros.
La clave está en su metabolismo: estos roedores generan una gran cantidad de calor corporal gracias a que sus pequeños músculos y su grasa parda queman lípidos con una eficiencia sorprendente.
Además, sus mitocondrias aprovechan el escaso oxígeno disponible sin necesidad de recurrir a una hemoglobina modificada, que es la solución evolutiva común en otras especies adaptadas a la altura, como los humanos que habitan en las mesetas del Tíbet.
Por qué este hallazgo cambia las reglas del juego .
Hasta ahora, la ciencia asumía que para tolerar niveles tan bajos de oxígeno era indispensable que los mamíferos tuvieran adaptaciones genéticas en la hemoglobina.
Este ratón demuestra que existe una alternativa: transformar la manera en que los músculos producen energía.
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