Innovar o morir. (Y no basta con gastar más)
El éxito de Apple no se explica por cuánto invierte en innovación.
Se explica por qué tipo de innovación persigue — y con qué claridad.
La semana pasada Apple presentó sus últimos iPhone (iPhone Duo, iPhone 18).
Ya son diecinueve años desde que lanzaron el primero, en 2007.
Siempre que pienso en ese lanzamiento no dejo de pensar en algo que decía Peter Drucker: “Las empresas no existen si no venden, y no venden si no innovan”.
Innovar es precisamente ofrecer al cliente una manera más eficiente de satisfacer sus necesidades — o de resolver sus problemas.
Eso es exactamente lo que vino a hacer el iPhone: resolver mucho más eficazmente lo que hacían los celulares de aquel entonces.
En aquel 2007, Nokia era el rey de los celulares.
Había vendido mil millones de aparatos.
Pero no fue capaz de innovar.
Y ellos, que era los reyes del mercado se convirtieron, en menos de una década, por decirlo así, en una reliquia del pasado.
La lección no es nueva, pero sigue sin aprenderse bien: el tamaño no protege.
La historia no protege.
Solo innova quien se atreve a cuestionar lo que ya funciona. ¿Pero qué es realmente innovar? Y sobre todo — ¿en qué hay que gastar para lograrlo? Un artículo reciente sobre el tema plantea una paradoja que vale la pena explorar: no existe correlación directa entre cuánto gasta una empresa en investigación y desarrollo, y qué tan innovadora resulta ser.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elfinanciero.com.mx — el contenido pertenece a El Financiero.