Sheinbaum, ¡pobre Presidenta!
Doña Blandina, bondadosa dama, se conmovió al ver a un niño que lloraba desconsoladamente sentado en el umbral de una puerta.
Ese niño, lo diré desde ahora, era Pepito.
Fue hacia él y le preguntó, tierna y solícita: “¿Por qué lloras, buen niño?”.
Entre hipidos respondió el chiquillo: “Mi papá me dio 50 pesos para comprar el pan, y los perdí.
Ahora tengo miedo de volver a mi casa”.
“No llores más, buen niño –le dijo doña Blandina, quien al parecer sufría limitaciones de vocabulario–.
Ten los 50 pesos; compra el pan y regresa a tu casa sin temor.
Pero dime, buen niño: ¿dónde perdiste ese dinero?”.
Limpiándose las lágrimas, respondió Pepito: “En el póquer”. (Nada de buen niño: lepe cabrón.
Ni la Academia ni Santamaría registran ese vocablo, usado para designar al niño pequeño, quizá como derivación del nombre que se da en el campo al becerro huérfano que por serlo debe mamar de madre ajena.
Así, decirle a un niño “lepe” es como decirle que no tiene madre.
En el Potrero la palabra “lepe” designa al cabrito.
Cuando conocí a don Abundio me dijo: “Quiero que me permita regalarle un lepe”.
“No, gracias –le respondí alarmado–.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en vanguardia.com.mx — el contenido pertenece a Vanguardia (Coahuila).