Felicitaciones, investigaciones, y la Injerencia Extranjera: Historia que se repite
Escuchando el efusivo reconocimiento del administrador de la DEA, Terry Cole, reconociendo públicamente, al secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, tuve una sensación de déjà vu.
En un foro internacional organizado por la DEA, Terry Cole destacó el liderazgo y contribuciones en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.
Además, felicitó a García Harfuch por su “compromiso inquebrantable y resultados excepcionales”.
Palabras y sentimientos muy similares expresados en 1997, por otro funcionario estadounidense, General Barry McCaffrey, entonces director de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas, zar antidrogas, hacia su contraparte el general mexicano José de Jesús Gutiérrez Rebollo, quien era el Comisionado del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas, básicamente el zar antidrogas mexicano.
Los que estuvimos en esta conferencia de prensa recordamos perfectamente los comentarios del General McCaffrey, quien afirmó que “pondría las manos en el fuego” por la integridad de Gutiérrez Rebollo, expresando gran confianza en su capacidad para combatir el narcotráfico en México.
Semanas después, Gutiérrez Rebollo fue arrestado por el propio gobierno mexicano.
Se le acusó de estar coludido con el Cártel de Juárez, liderado en ese entonces por Amado Carrillo Fuentes (conocido como “ El Señor de los Cielos ”).
Las investigaciones revelaron que el general había estado protegiendo las operaciones del cártel, recibiendo sobornos, viviendo en un departamento propiedad de Carrillo Fuentes, y usando su posición para perseguir a cárteles rivales mientras favorecía al de Juárez.
Fue condenado y moriría en 2014, a los 67 años, en Almoloya, cumpliendo 40 años de condena.
Apoyo de un funcionario del gobierno de los Estados Unidos no es garantía de protección.
Otro caso más emblemático es el de otro secretario, Genaro García Luna, quien fue por más de un sexenio, uno de los “ darlings ” de los estadounidenses, especialmente de la DEA.
Durante la visita en 2009 de la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton, junto con otros funcionarios de la DEA, públicamente reconocieron en una conferencia de prensa a García Luna como aliados clave en la “guerra contra el narcotráfico”.
Fue detenido en diciembre de 2019 en Dallas, Texas, por agentes federales estadounidenses, acusado de recibir sobornos millonarios del Cártel de Sinaloa a cambio de protección y de facilitar sus operaciones de narcotráfico, mientras ocupaba cargos de seguridad en México.
Un jurado lo declaró culpable en 2023 y sentenciado un año más tarde a 38 años de prisión.
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