Los errores de Estados Unidos con China no deben repetirse
Por Robert D.
Kaplan, Thr New York Times.
Antes de Irán, antes de Irak, antes de Afganistán, no hay ningún país con el que Estados Unidos se haya equivocado tanto como con China.
Si esta afirmación resulta desconcertante, es solo porque la memoria histórica es corta.
Estados Unidos salió a duras penas de los fiascos anteriores.
Equivocarse de nuevo sería catastrófico.
Por eso es crucial que el presidente Donald Trump logre el equilibrio adecuado en su cumbre de esta semana con el líder de China, Xi Jinping.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos respaldó al líder de China Chiang Kai-shek contra los fascistas japoneses que habían invadido en la década de 1930.
El gobierno de Franklin Roosevelt supuso que la China gobernada por los nacionalistas de Chiang constituiría una de las cuatro grandes potencias después de la Segunda Guerra Mundial, junto con Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética.
Cuando los comunistas chinos, al mando de Mao Zedong, se alzaron victoriosos en la guerra civil que tuvo lugar de 1946 a 1949, Washington se sorprendió de que un movimiento que apenas había reconocido hubiera derrocado al amado Chiang.
También le enfureció que tanto la Unión Soviética como China estuvieran ahora en manos comunistas.
Alguien tenía que rendir cuentas.
Así nació el debate de “¿quién perdió a China?”, un elemento fundamental del terror rojo de la década de 1950.
Los funcionarios del Departamento de Estado que rindieron cuentas fueron precisamente los que, durante la Segunda Guerra Mundial, habían advertido en vano que los comunistas probablemente tendrían un triunfo militar.
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