Alerta en jóvenes: cómo detectar hígado graso sin sobrepeso ni diabetes
La detección temprana del hígado graso —incluso en jóvenes con peso normal y sin diabetes — se ha convertido en una prioridad clínica y de salud pública.
Instituciones como el NIDDK/NIH y la American Gastroenterological Association advierten que esta enfermedad, rebautizada como MASLD , ya no es exclusiva de personas con obesidad o diabetes tipo 2.
El desafío es identificarla en adolescentes y adultos jóvenes que no presentan factores de riesgo clásicos.
El diagnóstico depende de una combinación de historia clínica, exámenes físicos y pruebas de laboratorio e imagen, ya que suele avanzar sin síntomas evidentes y puede detectarse en cualquier momento, aunque el paciente se sienta sano.
Casos en jóvenes sin diabetes El NIDDK reconoce que el hígado graso afecta a personas de cualquier edad y complexión física.
En su guía, subraya que la enfermedad puede estar presente sin síntomas y que, en jóvenes aparentemente sanos, suele descubrirse por casualidad, al observar alteraciones en pruebas hepáticas de rutina o tras una ecografía.
Por su parte, la American Gastroenterological Association define el “NAFLD magro” como aquel detectado en personas con un índice de masa corporal inferior a 25 kg/m², en ausencia de causas secundarias como el consumo significativo de alcohol o el uso de ciertos medicamentos.
Evidencia clínica: el perfil del joven magro con MASLD Las guías internacionales coinciden: la ausencia de sobrepeso no garantiza un hígado sano.
Según la AASLD , hasta un 10 % de los adolescentes pueden tener hígado graso sin sobrepeso ni diabetes.
El NIDDK advierte que muchos jóvenes no experimentan síntomas claros; en algunos casos, solo sienten fatiga o molestias abdominales leves, lo que dificulta la identificación temprana.
Por ello, los expertos recomiendan prestar especial atención a la historia familiar de enfermedades metabólicas, la dieta rica en azúcares simples y el estilo de vida sedentario.
Diagnóstico: estrategias y limitaciones El proceso diagnóstico recomendado por NIDDK y AASLD comienza con una historia clínica detallada, centrada en antecedentes familiares, hábitos alimentarios y actividad física.
El examen físico debe ir más allá del peso y la talla: calcular el IMC, evaluar la distribución de la grasa corporal y buscar signos de resistencia a la insulina, como acantosis nigricans , son pasos esenciales.
Las pruebas de sangre juegan un papel central, pero tienen limitaciones.
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