Mirador 01/09/2026
Un hombre se puso a construir un puente en el desierto.
Le decían todos: –Estás loco.
Los puentes son para cruzar los ríos, y en el desierto no hay ríos.
El hombre no hacía caso.
Seguía trabajando; trabajaba día y noche.
Sus martillazos se escuchaban más allá del horizonte.
Asustaban a los chacales y a las sierpes, y turbaban el reposo del beduino. –Estás loco –le decían todos–.
Los puentes son para cruzar los ríos, y en el desierto no hay ríos.
El hombre trabajaba más.
Tenía un sueño, y el que renuncia a su sueño es como si renunciara a su ser.
Un día el hombre terminó su obra.
En ese mismo momento, un río de aguas sonoras y cristalinas empezó a fluir abajo de su puente, en medio de las arenas del desierto. ¡Hasta mañana!...
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