Digger: una tragicomedia de época
El fin de semana por fin vi “Digger”, la más reciente película de Alejandro G.
Iñárritu .
Aparentemente, es una sátira contra el poder económico y el político, pero la cosa no es tan simple como la pintan.
Rockwell Digger ( Tom Cruise ) es un estereotípico empresario petrolero texano que, junto al presidente estadounidense Compson ( John Goodman ), provoca un cataclismo global y le achacan todos los males del mundo.
Pero la película rompe con la cuarta pared y uno se entera de que se trata de un ensayo final de una obra de teatro, en donde Cruise y compañía son actores que interpretan a Digger y a los políticos de la época, personajes que dentro del universo narrativo de la película fueron reales e históricos.
La película acierta en aplicar dos ideas estético-filosóficas: ser un espejo de la noción shakespeariana de que el mundo es un gran escenario y sus habitantes son los actores; y la idea de la mímesis aristotélica.
Esta segunda idea propuesta por Aristóteles en su Poética significa que la obra de arte, en todas sus formas —incluyendo a la comedia y la tragedia—, imita la realidad.
Lo que distingue a la tragedia de la comedia es el objeto imitado, cómo se imita y los efectos catárticos que logra en la audiencia.
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