Alertan riesgos en contenido regional
El debate sobre las reglas de origen automotrices del T-MEC no debería limitarse a cuánto contenido regional debe incorporar un vehículo, sino a si las disposiciones vigentes permiten a México, Estados Unidos y Canadá seguir compitiendo con los grandes fabricantes mundiales.
Ese es el planteamiento central de Odracir Barquera, director general de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), en la ponencia presentada a nombre de la asociación durante la audiencia oral ante la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos (USITC), relativa al funcionamiento de las reglas de origen automotrices del T-MEC para su informe de 2027.
La región conserva una posición relevante: produjo 15 millones de vehículos en 2025, equivalentes al 16.5 por ciento de la producción mundial, de acuerdo con cifras de la OICA citadas por AMIA.
Sin embargo, perdió un punto porcentual de participación mundial y su producción retrocedió 2.1 por ciento.
Para la AMIA, la integración de las tres economías ha generado cadenas de suministro altamente especializadas, pero su capacidad de adaptación se ve comprometida por requisitos de origen especialmente exigentes y por los aranceles estadounidenses de la Sección 232.
El contenido de valor regional (CVR) requerido para vehículos alcanza 75 por ciento, un umbral al que los fabricantes han debido adaptar operaciones y proveedores, con costos de cumplimiento importantes.
Elevar otra vez ese porcentaje, argumenta Barquera, podría tener rendimientos decrecientes: algunos componentes esenciales, incluidos insumos para tecnologías avanzadas, todavía no se producen dentro de América del Norte con la escala o los precios necesarios.
Intentar forzar su sustitución inmediata encarecería la fabricación, demoraría inversiones y podría favorecer, paradójicamente, las importaciones procedentes de otras regiones.
Mante-Tula reduce tiempos La Autopista Mante-Tula, que conecta el sur de Tamaulipas y el norte de Veracruz con San Luis Potosí y el Bajío, permite reducir hasta una hora y media el tiempo de recorrido y cerca del 10 por ciento el consumo de combustible frente a otras rutas.
Para transportistas y operadores logísticos, estos ahorros inciden directamente en los costos y la productividad de sus operaciones recurrentes.
Su ubicación resulta estratégica para la industria y el comercio exterior, al acercar las regiones productivas del centro y norte del país con el puerto de Altamira, punto indispensable para movilizar mercancías de los sectores automotriz, siderúrgico y manufacturero.
El proyecto también destaca por su ejecución.
En 2026 recibió el premio ESG Proyecto de Desarrollo Sostenible en Infraestructura del Año de los GRI Awards Infrastructure México, al integrar criterios ambientales, sociales y de gobernanza.
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