Francia se mira en el espejo
El Mayo Francés de 1968 fue mucho más que una protesta estudiantil.
Representó una rebelión contra el autoritarismo, las jerarquías tradicionales y las limitaciones sociales de la época.
Aunque no derrocó al gobierno de Charles de Gaulle, cambió profundamente la cultura política francesa y se convirtió en uno de los acontecimientos más influyentes de la ola global de protestas de 1968, donde “la poesía salió a las calles”.
Pasaron casi 60 años para ver un fenómeno social muy parecido y esperanzador.
Está sucediendo en este octubre de 2026, donde nuevamente Francia es el epicentro de un fenómeno social que se puede expandir por toda Europa.
De hecho, ya está sucediendo en España por el encarecimiento en la vivienda, así como en Bruselas, donde estudiantes, profesores y sindicatos de la educación han salido a las calles para denunciar recortes presupuestarios, falta de recursos en centros educativos y el deterioro de las condiciones de enseñanza.
Las movilizaciones constituyeron en aquel “mayo del 68” una de las mayores crisis políticas y sociales de la Francia del siglo XX.
Lo que comenzó como una protesta estudiantil terminó convirtiéndose en una huelga general que paralizó el país y puso en jaque la autoridad del presidente Charles de Gaulle.
A finales de los años sesenta, Francia vivía una aparente prosperidad económica gracias a los llamados “Treinta Gloriosos” (1945-1975), pero bajo esa estabilidad existían importantes tensiones sociales.
Muchos jóvenes consideraban que la sociedad francesa era demasiado autoritaria, conservadora y jerárquica.
Las universidades estaban masificadas, los estudiantes tenían escasa participación en las decisiones académicas y existía un creciente rechazo a las estructuras tradicionales de poder.
Hoy un fenómeno casi idéntico se reproduce entre una juventud inquieta y sin esperanzas en países de los cinco continentes.
Además, la juventud francesa estaba influida por fenómenos internacionales como la oposición a la Guerra de Vietnam, los movimientos por los derechos civiles en Estados Unidos, las corrientes anticapitalistas, marxistas y libertarias, el auge de una nueva cultura juvenil que cuestionaba las normas morales y sociales existentes.
Los paralelismos son inevitables, actualmente hay guerras e invasiones absurdas en Oriente Medio y en Ucrania, líderes autoritarios, un capitalismo depredador, pero también una izquierda populista y demagoga.
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