En 1807 soltaron cerdos en una isla para alimentar náufragos: 192 años después, encontraron criaturas muy diferentes
En 1807, el capitán Abraham Bristow tomó una decisión con un propósito sumamente práctico: desembarcar cerdos en uno de los rincones más aislados del planeta para que sirvieran de alimento a futuros marineros que pudieran naufragar en la zona.
Aquella primera suelta dio paso a nuevas introducciones a lo largo del siglo XIX.
Con el paso del tiempo, los animales quedaron completamente aislados en las islas Auckland, expuestos durante generaciones a fuertes vientos, lluvias constantes, frío implacable y una severa escasez de alimento.
Cuando 192 años más tarde una expedición llegó para rescatar algunos ejemplares, los científicos encontraron algo sumamente distinto . {"videoId":"xa4gvjs","autoplay":true,"title":"Roku streaming stick", "tag":"", "duration":"59"} Las islas Auckland se ubican a unos 560 kilómetros al sur de Nueva Zelanda, rodeadas por aguas traicioneras y sometidas a un clima severo.
En las primeras décadas del siglo XIX representaron una trampa mortífera para la navegación marítima.
Por ello, en 1807, apenas un año después de haberlas descubierto, Bristow decidió volver y liberar cerdos en el lugar para garantizar provisiones de emergencia a quien pudiera quedar a la deriva.
La previsión no tardó en demostrar su utilidad: cuando la embarcación General Grant naufragó en 1866 , sus sobrevivientes tuvieron que resistir 18 meses varados en el archipiélago, y aquellos animales fueron uno de los recursos vitales que les permitieron mantenerse con vida.
Aquel desembarco inicial fue solo el comienzo: se documentaron nuevas sueltas , entre ellas una en 1842 y otra hacia la década de 1890.
A partir de entonces, sin corrales, sin alimento suministrado por seres humanos y prácticamente sin depredadores naturales, la piara tuvo que aprender a sobrevivir por su cuenta escarbando raíces, buscando larvas bajo las piedras, consumiendo vegetación costera y alimentándose de carroña marina arrastrada hasta la orilla.
En Xataka México México reportó un aumento en la población de jaguares; aun así continúan en peligro de extinción Sometida al aislamiento genético y a las severas exigencias del clima subantártico, la población desarrolló rasgos morfológicos muy peculiares.
En contraste con los animales pesados y voluminosos seleccionados por la ganadería moderna, los cerdos de Auckland se transformaron en criaturas de tamaño relativamente reducido, complexión delgada, notable resistencia y un cuerpo marcadamente atlético , dotadas de hocicos alargados y un pelaje tupido.
La extraordinaria capacidad de supervivencia de estos animales terminó por convertirse en una pesadilla ecológica para un entorno insular que había evolucionado sin grandes mamíferos terrestres.
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