La mujer, ese ser ingobernable
La corte madrileña andaba escandalizada.
El rey de España, Amadeo de Saboya , se había enredado en amores adulterinos con una dama de palacio.
No tan dama, por lo visto.
Se le veía con ella en los jardines, y luego desaparecían de súbito en alguna de las casitas de hortelano que había en las esquinas de la huerta real.
Seguramente no iban ahí a rezar el rosario.
Por fortuna para los buenos modos y la moral del reino, el soberano se cansó bien pronto de aquella señora.
Un par de semanas después de recibir su favor y todo lo demás, se olvidó de ella y puso los ojos en otra dama, ahora la esposa del embajador de cierto país de poca monta.
La abandonada, desgraciadamente, no quedó contenta.
Empezó a asediar a don Amadeo.
Lo perseguía por todas partes; sin decoro alguno lo tiraba del brazo para lograr que la atendiera.
Entonces lo llenaba de reproches, y se podían oír sus alteradas voces.
Aquello era la diversión de la corte.
Las damas de la reina, que habían mirado con envidia el encumbramiento de su compañera, ahora se burlaban de sus quejas, sus lágrimas y su despecho.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en vanguardia.com.mx — el contenido pertenece a Vanguardia (Coahuila).