El último profeta no usaba sombrero de copa
Tour Julio Verne por los escombros del future.
Master of puppets, I’m pulling your strings, twisting your mind and smashing your dreams.
Camino entre los escombros de una ciudad sin nombre o con demasiados nombres vistiendo la gabardina raída del partisano, las botas embarradas de un barro ancestral, el pañuelo al cuello como los resistentes de Varsovia, como los fantasmas de Sarajevo.
Llevo bajo el brazo un ejemplar destrozado de Veinte mil leguas de viaje submarino y en los bolsillos, metralla de metáforas.
Metallica suena en unos audífonos rotos, un solo canal funcionando, y James Hetfield me grita al oído izquierdo mientras el derecho recoge el estruendo de los drones sobrevolando el gheto.
Bienvenidos al Tour Julio Verne.
La excursión más honesta del siglo XXI.
Jules Gabriel Verne nació en 1828 con los ojos puestos en el horizonte y la pluma cargada de futuro.
Soñó submarinos cuando el mundo navegaba en veleros.
Imaginó cohetes a la Luna cuando la humanidad apenas dominaba la máquina de vapor.
Dibujó París en el siglo XX con rascacielos, trenes eléctricos, redes de comunicación global, y su editor, Pierre-Jules Hetzel, le devolvió el manuscrito diciéndole.
Demasiado pesimista, nadie lo comprará.
Ironía fundacional.
El único libro verdaderamente profético de Verne fue rechazado por exceso de verdad.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en vanguardia.com.mx — el contenido pertenece a Vanguardia (Coahuila).