Lo visible es reflejo de lo invisible
No es fácil ocultarlo.
Tampoco modificarlo por decreto.
Y es que cuando se instala, se acomoda en una forma tal que la gente se acostumbra a su existencia indefinida.
El desorden es el rasgo distintivo de más de una organización.
Operan sin respetar la secuencia de actos que un trabajo coordinado requiere.
Carecen de apego a los procesos que hacen sentido para la sincronización de actividades que un cliente espera.
Caras vemos, cajones no sabemos.
Y, sin importar el tamaño, no son pocas las compañías que más allá de la buena fachada comercial --analógica o digital—que puedan proyectar, carecen de los parámetros más simples de control y del cuidado a sus propias formas de actuación establecidas para su funcionalidad básica. ¿Cómo identificar que el desorden ya se institucionalizó en la corporación? Aquí tres puntos para la reflexión directiva: 1) Donde la certeza debería existir, es la duda lo que aflora.- Saber si ya se compró un insumo.
Conocer si ya se entregó un producto.
Tener claro cuanto se le ha pagado a alguien.
Visualizar quién debe y cuánto.
Puntos sencillos que nunca deben producir más confusión.
Cuando no es posible responder con información clara preguntas funcionales básicas de un área, normalmente es indicativo de que personas, procesos e intención de resultados están más que desalineados.
Amerita revisar lo que ahí se entiende por orden y funcionalidad.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elfinanciero.com.mx — el contenido pertenece a El Financiero.