La desaparición de Morena
La selección de candidatos es reveladora de la salud y del mapa de poder de un partido.
Los obsesivos de la imaginaria disputa entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el expresidente Andrés Manuel López Obrador plantean la decisión en términos de afinidad o pertenencia a uno de ellos.
No es el caso, no hay diferencia sustantiva, mucho menos competencia.
La condición de AMLO como líder moral del movimiento no está cuestionada.
Diez candidatos seleccionados dan cuenta de una situación más compleja y crítica.
Morena ha vivido tres etapas en su breve historia.
La fundacional o inicial, cuyo objetivo era consolidar un movimiento –no un partido– para llevar a Andrés Manuel al poder presidencial; la de desarrollo del proyecto, que abarcó desde el triunfo electoral de 2018 hasta 2024; y la del “segundo piso”, que es la mutación del caudillismo hacia la conformación de una estructura de poder compartido, donde la presidenta Sheinbaum figura como la gestora principal del proyecto político del líder moral.
Se da un proceso de consolidación del régimen político autoritario con la mayoría calificada y las reformas subsecuentes, particularmente la concentración del poder presidencial con la disolución de la Corte como poder independiente y la colonización de los órganos electorales.
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