Memoria de un Saltillense olvidado
A mediados del siglo 19 era Saltillo una ciudad muy pequeñita.
Su ya de por sí escasa población se había diezmado en 1833 con motivo de la funesta epidemia que se llamó “el cólera grande”, la cual dejó tras de sí mucha mortandad.
Graves problemas políticos habían turbado la paz y quietud de la ciudad en años anteriores.
Saltillo tenía una recia vocación federalista, pues de estas tierras era don Miguel Ramos Arizpe, el formidable Chato, aquel chantre aguerrido que llevó a las Cortes de Cádiz la voz de los norteños y que gustaba de ser llamado “El Comanche” por la intransigencia que ponía en sus opiniones.
Así, cuando Santa Anna anuló la república federal y la cambió por centralista, Saltillo entró en pugna con Su Excelencia, y de ahí le vinieron males de todo orden semejantes a los que caerían actualmente sobre cualquier ciudad de México que se indispusiera con el presidente de la República.
Ni pensarlo; Dios nos libre.
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