Las decisiones de la cúpula morenista y las gubernaturas para 2027: ¿en riesgo?
El balance preliminar permite identificar varias gubernaturas de Morena y la 4T con factores objetivos de vulnerabilidad para 2027, aunque todavía no es metodológicamente correcto afirmar que alguna esté «perdida» o que otra vaya a ganarse.
La variable decisiva no parece ser hoy la fuerza nacional de Morena, sino la capacidad de la dirigencia nacional para cerrar las fracturas que están produciendo sus propios procesos de selección.
El tablero que deja la primera fase En 2027 se renovarán 17 gubernaturas.
De ellas, actualmente 12 están gobernadas por el bloque oficialista: Baja California, Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Quintana Roo, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.
Las otras cinco corresponden a PAN, MC y PVEM.
Esto modifica la lógica de la elección: para Morena, 2027 no es solamente una elección de expansión territorial; es también una elección de conservación del territorio conquistado entre 2018 y 2024.
La dirigencia ha definido coordinadores estatales con base en varios criterios, entre ellos las encuestas.
Sin embargo, de ahí a afirmar que funcionarán políticamente hay un largo trecho.
Véase el caso de Quintana Roo: su desenlace ha generado fuertes críticas por lo que representa para los fundadores, el movimiento y los aliados, a quienes muchos consideran de papel frente a la fuerza aglutinada desde el obradorismo.
La convocatoria permite continuar realizando designaciones hasta diciembre de 2026.
Eso tiene una ventaja política —permite negociar y evitar que una encuesta se convierta de inmediato en un pleito público—, pero también genera un problema: los aspirantes derrotados tienen más elementos para desafiar el resultado. ¿Qué está haciendo la Presidencia? Aquí hay un cambio político relevante.
La estrategia de Claudia Sheinbaum parece orientarse a asumir la conducción nacional del proyecto, mientras Morena administra las disputas locales.
Sheinbaum anunció también una estrategia para identificar zonas de riesgo y revisar antecedentes de candidatos, con participación de instituciones federales.
Esto es importante porque 2027 será diferente de 2024: el tema de seguridad puede convertirse en una variable de evaluación de los gobiernos estatales salientes y, simultáneamente, de los candidatos que pretendan representar su continuidad. ¿Y qué ocurrirá con la corrupción de antecesores, mentores e incluso de los prospectos? ¿Fuego amigo o una amenaza real por imposiciones intransitables? La amenaza principal para Morena en 2027 no procede todavía de una oposición homogénea, sino de la posibilidad de que las decisiones nacionales produzcan candidaturas que no logren integrar a los grupos derrotados.
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