De cazadores a guardianes: el pueblo de Oaxaca que convirtió a 300 cocodrilos en aliados del turismo
En la costa de Oaxaca , una comunidad que durante décadas aprovechó la carne y la piel de animales silvestres logró transformar su relación con la naturaleza.
La Ventanilla , perteneciente al municipio de Santa María Tonameca , pasó de la extracción de recursos a resguardar más de 300 cocodrilos de río y convertir la conservación en una fuente de empleo.
De acuerdo con la página oficial de La Ventanilla , actualmente los visitantes pueden recorrer la laguna en lanchas de remo, conocer una Unidad de Manejo Ambiental (UMA) dedicada al cocodrilo de río y al venado cola blanca, observar aves y participar en actividades relacionadas con la protección de tortugas marinas.
El proyecto, localizado cerca de Mazunte y Puerto Escondido , es considerado un ejemplo de cómo las comunidades pueden obtener beneficios económicos sin extraer o sacrificar a las especies que habitan en su territorio.
En este modelo, los cocodrilos dejaron de ser vistos únicamente como una amenaza o un recurso comercial y se convirtieron en parte esencial de la identidad local.
La Ventanilla cambió la caza por la conservación de cocodrilos La historia de la comunidad estuvo marcada por actividades como la pesca, la agricultura, la captura de tortugas marinas y el aprovechamiento de la piel de cocodrilo.
Sin embargo, las restricciones a la explotación de fauna y el deterioro de los recursos naturales obligaron a las familias a buscar nuevas alternativas de subsistencia.
En 1996, habitantes de La Ventanilla comenzaron a organizarse para proteger la flora y la fauna de la región mediante una cooperativa de servicios ecoturísticos.
La idea central consistió en sustituir la venta de productos obtenidos de los animales por recorridos y experiencias de observación dentro del ecosistema.
El trabajo específico de conservación del cocodrilo americano o de río (Crocodylus acutus) tomó fuerza a partir del año 2000.
Con apoyo de especialistas, los integrantes de la comunidad comenzaron a estudiar a los ejemplares, monitorear su estado de salud, identificar los sitios de anidación y conocer el tamaño de la población presente en la laguna.
La capacitación también permitió mejorar la convivencia entre habitantes y reptiles.
Los guías aprendieron a interpretar su comportamiento y a comunicar a los visitantes las medidas de seguridad necesarias para observarlos sin alterar su entorno.
Según medios nacionales, actualmente la comunidad protege a más de 300 ejemplares .
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