México ante una crisis educativa y digital que amenaza su futuro
El deterioro de los aprendizajes, la falta de impulso decidido a las disciplinas STEM y la creciente vulnerabilidad cibernética de las instituciones educativas revelan una falla estructural que el gobierno mexicano no ha atendido con la urgencia necesaria.
La combinación de rezago académico, infraestructura deficiente y escasa aplicación de protocolos de ciberseguridad puede comprometer durante décadas la competitividad, la productividad y el desarrollo del país.
México enfrenta una crisis educativa que ya no puede explicarse únicamente por los efectos de la pandemia.
El problema se ha convertido en un fenómeno estructural en el que convergen el deterioro de los aprendizajes, las deficiencias de infraestructura, la desigualdad tecnológica, la insuficiente promoción de las disciplinas STEM — ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas — y una creciente exposición de las instituciones educativas a ataques cibernéticos y filtraciones de información.
Los resultados de PISA constituyen una de las señales más contundentes.
El desempeño de los estudiantes mexicanos muestra un deterioro particularmente grave en matemáticas: dos de cada tres alumnos no alcanzan el nivel mínimo de competencia.
En comprensión lectora y ciencias persisten también deficiencias importantes.
A ello se suma una brecha socioeconómica que castiga con mayor intensidad a los estudiantes de sectores vulnerables, precisamente aquellos para quienes la educación debería funcionar como el principal mecanismo de movilidad social.
Pero existe otro problema que resulta particularmente preocupante para el futuro económico de México: la insuficiente apuesta gubernamental por despertar entre los jóvenes el interés por las disciplinas STEM.
En un mundo donde la inteligencia artificial, la automatización, la robótica, la biotecnología, la ciberseguridad y la ingeniería avanzada están redefiniendo la productividad, México necesita que niños y jóvenes desarrollen desde edades tempranas competencias matemáticas, científicas, tecnológicas y de resolución de problemas.
Sin embargo, no se observa una estrategia nacional de la dimensión y continuidad necesarias para convertir el STEM en una prioridad educativa y económica de Estado.
No se trata simplemente de colocar computadoras en las escuelas, incorporar tecnología a las aulas o crear cursos aislados.
Impulsar STEM significa desarrollar laboratorios, clubes científicos, competencias de matemáticas y programación, robótica educativa, proyectos de innovación, formación docente especializada, orientación vocacional y vínculos permanentes entre escuelas, universidades, centros de investigación y empresas.
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