Siete hábitos que mejoran la función hepática y reducen síntomas del hígado graso
El hígado graso , conocido hoy como esteatosis hepática asociada a disfunción metabólica , afecta a millones de personas en el mundo y puede revertirse o mejorar de forma significativa mediante hábitos validados por instituciones líderes en salud .
Organismos como los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos , la Fundación Americana del Hígado y la Organización Mundial de la Salud han identificado siete prácticas clave.
Estas recomendaciones se centran en modificar el estilo de vida para detener la progresión de la enfermedad y aliviar sus síntomas desde etapas tempranas.
Las instituciones científicas coinciden en que los cambios sostenidos en alimentación, actividad física, control de factores de riesgo y seguimiento médico son el eje central para mejorar la función hepática.
Aplicar estas medidas reduce la inflamación, la cantidad de grasa en el hígado y el riesgo cardiovascular, y, en muchos casos, logra revertir la enfermedad cuando se actúa antes de que aparezcan complicaciones graves como la fibrosis avanzada o la cirrosis.
Perder peso y cuidar la dieta La pérdida gradual y sostenida de peso es el primer hábito con mayor respaldo científico.
Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos , en sus publicaciones sobre enfermedad hepática grasa, describen que una reducción del 5 al 10 % del peso corporal total disminuye de forma directa la grasa acumulada en el hígado.
Las guías conjuntas de las sociedades europeas de hepatología, diabetes y obesidad proponen que la meta ideal de descenso ponderal sea del 7 al 10 %.
Según sus expertos, esta cifra se asocia con mejoras en la inflamación y las enzimas hepáticas, y puede revertir cambios tempranos de la fibrosis.
La alimentación protectora , segundo hábito esencial, está centrada en el patrón mediterráneo , tal como recomiendan Mayo Clinic y la Fundación Americana del Hígado .
Este modelo prioriza frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, proteínas magras y grasas saludables como el aceite de oliva y el pescado graso.
Se aconseja reducir el consumo de azúcares añadidos, ultraprocesados, grasas saturadas y trans, así como limitar la fructosa presente en bebidas y productos de repostería.
La evidencia clínica señala que este tipo de dieta, aun sin pérdida de peso extrema, favorece la reducción de la grasa hepática y mejora la sensibilidad a la insulina.
Movimiento contra el hígado graso El tercer hábito implica aumentar la actividad física y reducir el sedentarismo , según las directrices de la Organización Mundial de la Salud y el consenso de las sociedades médicas europeas .
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